Finales felices

Publicado: 10 febrero, 2019 en Sin categoría

Hoy en día a todos nos da miedo sentir, tenemos innumerables inseguridades y demás sentimientos que nos frenan a sentir libres y con plenitud. Y cuando hablo de miedo a sentir, es miedo a recibir daño, miedo al futuro, miedo a equivocarnos, miedo a que nos rompan el corazón, miedo a tener ese final feliz que año tras año la sociedad nos vende y nos promociona a través de libros, series, películas, cuentos, etc.

Todos merecemos un final feliz, pero conseguirlo no es ir probando suerte de persona en persona, porque nadie es perfecto, y todo el mundo comete errores. Todo el mundo tiene inseguridades, problemas, días buenos y días malos, incluso semanas o meses, pero ese es el problema, cuánto estamos dispuestos a aguantar para conseguir nuestro ansiado final feliz.

Todos queremos un final feliz, soñamos con él, y el que diga que no miente. Desde pequeños se nos educa para encontrar nuestro final feliz. Pero lamentablemente cada vez nos volvemos más exigentes, y la sociedad en la que vivimos juega en contra nuestra. Redes sociales, tecnologías, modas, el culto al cuerpo, que todo este tipo de relaciones banales esta al alcance de nuestros dedos a través de una pantalla móvil, y cada vez queremos más y nos comprometemos menos, y todas ellas lastran cada día más encontrar nuestro final feliz.

Dejamos que la gente y las relaciones que vemos de nuestros amigos y conocidos nos aconsejen, muchas veces visto desde un punto de vista erróneo, mayormente porque nadie vive nuestra vida como nosotros la vivimos, salvo nosotros. Y en ese error caemos frecuentemente.

Debemos guiarnos por lo que sentimos, por lo que nos dice nuestro corazón sin escuchar más allá de él. Porque lo que dice el corazón es puro, sin filtros, nuestro yo interno habla, sin filtros de nuestro intelecto, sin la lógica o la razón. Lo que sale del corazón son nuestros deseos más profundos, nuestros sueños. Es todo aquello que en realidad somos y aquello que en realidad debe definirnos.

Es lo único que debe preocuparnos, no lo que dice la gente, lo que piense o diga nos debe dar igual, pues su vida no implica a la nuestra. Y los únicos que nos arriesgamos a vivir  nuestra vida de un modo u otro, somos nosotros. El resto son meros observadores de un posible final feliz. Pero depende de nosotros.

“Si vas a inventar algo, que sea un final feliz”.

Quizás no se trate del final feliz, quizá se trate de la historia, de encontrar una buena historia, y entonces, sólo entonces, nos daremos cuenta que no necesitamos de un final feliz, pues las buenas historias, nunca terminan.

Y yo, si lo pienso, realmente no quiero un final feliz, quiero una cosa bonita de estas, sin final.

¿Me dejas llegar a ti?

“Imagino al escribirte que bebo el néctar de tu aliento, respiro la fragancia de tu cuerpo Esta carta de amor esta escrita con tinta de mi pensamiento, te dice que te quiere adivinar en cada hora, en cada instante, en cada encuentro y descubrir así la forma de embriagarte de deseos, queriéndote sentir en cada punto, en cada coma; con esta carta espero que hasta ti lleguen mis sueños y broten como mágico delirio las palabras echas para un amor que no se olvida.

Te extraño, al mirar al cielo iluminado por las estrellas pienso que tu eres una de ellas y solo desearía tenerte para mi solo y decirte lo mucho que te extraño; y mis manos escribieron tu nombre en la arena y grite tu nombre al viento, de mi corazón quisiera decirte palabras tiernas y profundas, y que mi mirada se encontrase con la tuya, para que tus ojos fueran testigos de las noches de insomnio que sufro en tu ausencia, sin querer te has convertido en mi motivo, en mi razón y así te has hecho la dueña de mi corazón.

Te esperaré hasta el fin del mundo, hasta que el sol y las estrellas sea paguen, hasta que el silencio hable, solo recuerda que si me añoras en tus largas noches, asómate a la ventana y mira a las estrellas, que en cada una de ellas hay un beso que yo pondré todos los días de mi vida para ti. Sin ti los segundos transcurren como un anochecer repentino, sin ti mis sentimientos caen al vacío de la tristeza, sin ti mis lagrimas nacen solitarias y frágiles.

Que suspiro sentimientos de melancolía en tu falta, que pienso en los momentos de tu encuentro, que te ansío eternamente. Oyendo las palabras de amor que salen de tu ternura, sintiendo las caricias que regalan tus manos generosas, amándote como nadie te amo jamás; sólo así seré feliz;.. y lo sé.”

 

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